Crítica de De nuevo otra vez

Luego de ser madre, Romina decide volver a su casa junto a su madre, mientras se encuentra alejada de su novio. Allí intentará descubrir qué es lo que desea, mientras recuerda quién era antes de ser madre.

De nuevo otra vez, Romina Paula

La maternidad es una hija de su madre, y es el tópico elegido por la actriz, dramaturga y ahora directora Romina Paula para conducir su ópera prima, De nuevo otra vez. Una cruza entre no ficción y dramatización personal, el mismo es un docudrama que pellizca la susodicha maternidad de la protagonista y apunta a un realismo absoluto pero se pierde entre líneas al no percibirse totalmente honesta y real, aún cuando se vea así.

El viaje de Romina y su pequeño Ramón de regreso a su hogar materno tiene la peculiaridad de un trasfondo germano, donde la madre de ella se dirige constantemente a su nieto en alemán y el adorable retoño responde en castellano. Esta pequeña torre de Babel intergeneracional causa gracia y ternura, y ayuda al espectador a empezar a digerir la narrativa documental. La propia Romina no está en buenos términos con el padre de la criatura, y sus propias dudas y miedos para con su flamante maternidad minan su futuro y el de su hijo. Mediante narraciones en off, Romina transmite estos sentimientos contradictorios, de profesar tanto amor que asusta, o sentirse agotada por la constante atención que necesita Ramón. Las narraciones ocupan un lugar importante en el film, donde ingeniosamente se expone el pasado inmigrante de la familia de Paula, mientras que las explicaciones maternales no cuajan, en un claro intento de explicar qué pasa por su cabeza en vez de mostrarlo en pantalla.

De nuevo otra vez, Romina Paula

Y he aquí el gran problema de la película. La intersección entre la realidad y la ficción terminan por detonar el ritmo narrativo. Paula intenta acercar un pedazo de su propia vida, pero en el minuto que se pone una cámara enfrente de ella y su familia, la artificialidad se apodera del conjunto y lo que vemos en pantalla se nota escenificado, con pausas incómodas que siguen un guión nimio y congelan el ritmo narrativo. Hay retazos muy interesantes en el transcurso del descanso de Romina, con interacciones con personas de diferente sexo en un intento de explorar su sexualidad latente, pero hasta estas mismas charlas se decantan al guion y pueden sentirse forzadas. Es una lucha constante dentro del film, tanto el ser documental o ser una película guionada, y al no terminar de conjugar sus elementos, conforman un producto sincero pero artificial al mismo tiempo. Habrá más tiempo para que la incipiente directora geste su voz por más tiempo.

5 puntos